¿Importa la vida?


Se supone que los Derechos Humanos son previos a cualquier consideración legal. Fundamentan el derecho positivo. Sin embargo, en los últimos meses asistimos a la quiebra de los Derechos Humanos. En algunas ocasiones por inacción política, por falta de recursos económicos para todos, por la suerte aleatoria de nacer en un país u otro. Pero también se está violando Derechos Humanos a través de la ley. Una ley no ética, y contraria a la humanidad. Y esto se hace desde las instancias que considerábamos más serias y prestigiosas hasta hace muy poco, desde las organizaciones mundiales como la ONU o la OMS.

En el marco de la ONU se ha establecido como reto de futuro inmediato los objetivos del desarrollo sostenible. Se pretenden alcanzar en el año 2030 y vienen a sustituir a los objetivos del milenio que tenían como hito el 2010.Desde la crisis del coronavirus, la OMS ha enarbolado el liderazgo de la gestión. Los países siguen sus recomendaciones sin discutir las medidas, aunque se viole en más de una ocasión lo que siempre se ha considerado los cimientos del derecho constitucional, la libertad, la igualdad y el estado de derecho. La salud está por encima de cualquier otro derecho individual, se alega.

Sin embargo, asistimos a una contradicción entre los bienes jurídicos protegidos, (la salud) y los que se dicen proteger. Se habla de los objetivos de desarrollo sostenible, pero se aprueban leyes a favor de la eutanasia, se autoriza el aborto, se omite el suicidio.

En los últimos tiempos asistimos a una completa deshumanización, pero no lo puedes poner en duda porque enseguida te lanzan calificativos gratuitos como facha, ésta es de Vox, retrógrada, etc. Hay un discurso homogéneo, un solo relato oficial que no puedes contravenir ni discutir. La ONU está uniformizando el pensamiento único, la libertad religiosa ya no es un derecho humano tampoco la libertad de expresión. Si te opones al aborto libre, te ponen en una lista negra, igual ocurre si te opones a la igualdad de género o al relato oficial:

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Los países más chicos son los que con más fuerza adoptan el discurso oficial. España ha aprobado una ley de eutanasia, Holanda también prepara una ley de eutanasia, según un estudio de éste país, unas 10.000 personas de más de 55 años cansadas de vivir, acudirán a esta vía para retirarse de este mundo.
Se está imponiendo tanto el discurso único que llega a ser de valientes hablar contra la “dictadura de lo políticamente correcto”, como expresaba hace poco el filósofo Fernando Savater. Nos están formateando la mente y muy poca gente se atreve a expresarse, hay miedo. Hemos perdido libertad, mucha libertad.
A las organizaciones mundiales, la muerte les preocupa, pero depende. Según los últimos datos en España,10 personas se suicidan al día, el doble de los fallecidos en accidentes de tráfico y 69 veces más que las mujeres asesinadas por violencia machista pero no se habla ni se alerta sobre ello ¿Es premeditado? ¿Se mira para otro lado? ¿Es verdad que hablar de ello genera más muertes? Pues no hablemos tampoco de violencia de género. Algo no es coherente. Ante este panorama, necesitamos nuevos líderes que se atrevan a poner sentido común en nuestra sociedad, necesitamos nuevos referentes que aporten valores humanos a nuestro entorno político y social.

Necesitamos una ciudadanía valiente que a su vez haga despertar a tanto ciudadano dormido.

Decía Martin Luther King: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más me preocupa es el silencio de los buenos”.

Como añade Antonio Sola, el Presidente de la Fundación Sentido Común; “es urgente envolver de una dimensión humanística a nuestras sociedades”, aunque con ello no se alcancen los objetivos de desarrollo sostenible en 2030.

Victoria Rodríguez Blanco

Jurista y politóloga.

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